Bajo la luz del vitral
Una alegoría sobre el deseo, el voyerismo y el tiempo que pasa sin que nadie se mueva del lugar donde está.
De qué va este libro:
Mario es un joven que vive de prestado en una casona de Cienfuegos regentada por Mirta, una mujer de cuarenta años que administra con pragmatismo y cierta elegancia un negocio de sexo en el barrio. Con él conviven Fernando —el cocinero gay que lo cuida y lo cela—, Driana —a quien Mario desea sin decírselo— y Grisel —a quien observa sin que ella lo sepa—. Mario no trabaja, lee un libro mutilado que alguien dejó en el baño, espía por cerraduras y patio interior, y llena el tiempo con una mezcla de deseo frustrado, memoria de su abuelo suicida y la certeza de que nada va a pasar.
Sinopsis:
La novela tiene dos planos que avanzan en paralelo. El primero es el presente: Mario en la casona, su rutina de voyeur discreto, sus conversaciones con Rosa la Reina —la vecina octogenaria que fue lo mismo que Mirta en otro tiempo—, su trabajo esporádico vendiendo tabacos a turistas franceses en el parque Martí, y su incapacidad para dar un paso hacia ninguna de las mujeres que lo rodean.
El segundo plano es el libro que Mario va leyendo a lo largo de la novela: un relato histórico ambientado en la Cuba colonial de finales del siglo XIX, con personajes como Isabel Cesarini —una joven de origen italiano que mata a un oficial español la noche del Pacto del Zanjón— y Federico Romero —ingeniero que se convierte en su único cliente—, así como escenas de la lucha independentista y el movimiento clandestino en La Habana de los años treinta del siglo XX.
Ambos planos se comunican sin que ninguno explique al otro: el pasado ilumina el presente por contraste, y la alegoría del título funciona como la luz del vitral de la habitación de Mario, coloreando todo sin dar calor.
Temas y claves de lectura:
En esta novela aparecen temas como el deseo como estado de espera permanente, el voyerismo como única forma de intimidad posible para quien no sabe entrar, la memoria familiar y el suicidio del abuelo como herida que nunca se nombra directamente, y la Cuba contemporánea de provincias —Cienfuegos, sus calles, su parque, sus turistas, su mercado negro— como escenario de una inmovilidad elegida. También explora la prostitución sin drama ni redención, la homosexualidad de Fernando sin estridencia, y el tiempo histórico cubano como algo que regresa disfrazado de presente.
La novela es autorreferencial: el libro que Mario lee se llama igual que la novela que el lector tiene en las manos, y está mutilado, le faltan páginas, igual que la historia de Mario, que tampoco tiene principio claro ni final resuelto.
Para quién puede interesar:
Si te interesa la narrativa que juega con la estructura sin hacerse notar demasiado. Si te gustan los personajes que observan más que actúan y cuyo mundo interior es más rico que sus conversaciones. Si buscas una Cuba literaria distinta a La Habana, más provinciana, más quieta, más honesta sobre su propio tedio. Si disfrutas de novelas que mezclan el presente y el pasado histórico sin separar los dos planos con avisos. Si el voyerismo como metáfora del lector te parece un juego interesante.